Anti-Izquierdismo
Un website para cuestionarse 150 años de ideas destructivas que nos han sido heredadas.

sábado, octubre 30, 2004
Pequeña encuesta esclarecedora. Parte 1

Pequeña encuesta esclarecedora. Parte 1.
Contestar Si o No. El resultado quedara en su conciencia.

1. Está usted leyendo esta página por internet?
2. Tiene usted Internet?
3. Usa usted celular?
4. Ha mandado un E-Mail a alguien fuera del pais?
5. Llena su tanque en alguna de las muchas estaciones de servicio de Quito?
6. Usa blue jeans?
7. Tiene carro? Se ha subido en un carro?
8. Toma o ha tomado usted Coca Cola, Fanta, Sprite, e incluso Fiora?
9. Tiene usted cable?
10. Usa dinero (para comprar leche o para ir "de compras"?

Como dije, el resultado quedará en su conciencia.
Igual todos lo sabemos, si contestó afirmativamente a alguna de las preguntas, está usted oficialmente en el club de la gente globalizada. Tal vez no lo sabía. Tal vez nadie le dijo. Deje de protestar señor quejumbroso, deje de escuchar a quienes le usan para devengar sus sueldos dolarizados desde siempre. Pongase a trabajar y genere riqueza. Nadie se ha quejado hasta ahora por vivir mejor. Bienvenido a la Globalización. No se preocupe. No muerde.
martes, octubre 26, 2004
Izquierdas y "anti-americanismo" emocional

Desnudando el "anti-americanismo", pues es un rechazo no a los excesos, defectos y errores crasos de los EEUU, si no un rechazo visceral a la libertad, la individualidad y el progreso. Click aquí.
El mito del mito Chileno

Es clásico entre la izquierda más rancia, tomar a Chile como un ejemplo que no sirve de ejemplo según ellos. Sin embargo, José Piñera, investigador nos aclara el panorama: Chile es más rico, más incluyente y con menos desigualdad que antes de que se abra su economía a la cooperación social voluntaria, es decir, al mercado. Click aquí.
Algunos no pueden decidir

Mi pais se encuentra ante una disyuntiva, por una polémica desatada obviamente por quienes cobran un sueldo por quejarse desde sus escritorios. Ahora los asalariados de la queja quieren que "el pueblo" decida si entramos o no a un Tratado de Libre Comercio con los paises Andinos y Estados Unidos. El problema no es la consulta popular en sí, que tal vez ganen, gracias a su poder de manipulación. El problema es que la pobre gente, esa que es manipulada por los bailarines de tarima tanto como por los burocratas internacionales como por los intelectuales de izquierda, esa gente no posee el conocimiento necesario para votar luego de haber razonado su voto.
Es asi que surge un reto para quienes estan, sistematicamente siempre en contra de todo sin dar ninguna opcion: pongamos restricciones al voto, para que la gente se motive a aprender, a estudiar y a meditar el sufragio, a ver si una vez educados siguen manteniendo su apoyo para una burocracia nacional cara e ineficiente, una burocracia internacional mesianica y acomodada, y una izquierda anquilosada y desesperada. ¿Se apuntan?
sábado, octubre 23, 2004
Diario desde Quito, Ecuador

El nefasto impacto que causó el surgimiento de una clase privilegiada que rompió la interacción social imperante en el Ecuador a inicios del Boom Petrolero se evidencia en la arquitectura burocrática que se va tomando poco a poco espacios urbanos importantes en la ciudad. La triste reacción de nuevos ricos de los antiguos y nuevos integrantes de la verdadera clase dominante de este país: la burocracia, dio paso a que profesionales mediocres intenten unos discursos arquitectónicos dudosos y descontextualizados, dotando a la ciudad de mojones de 8, 10, 15 pisos que no hicieron mucho más que sombra sobre el tejido urbano original. Ejemplos sobran, como son los edificios del IESS, CEOSL, Consejo Provincial, Ministerio de Finanzas y Cancillería. Fácil citar unos pocos cientos más.
Sin embargo, el problema no termina con la crítica que hace un arquitecto sobre las virtudes o vicios de la anti-arquitectura desarrollada en la coyuntura del Boom combinado con las ínfulas de nuevos ricos de los dictadorzuelos de turno. El problema empieza con eso.
Como buen nuevo rico, ese ente desarticulador de la libertad llamado burocracia asume arrogantemente como suyos los espacios compartidos de la ciudad e invade propiedad pública y privada. La influencia de esta clase dirigente e ignorante se siente como un pesado manto gris que envuelve las áreas por donde pasa. Hemos visto cómo se han degradado zonas de la ciudad otrora merecedoras de premios al ornato, como la misma “Casa Chica” de la Cancillería, las residencias monumentales de la Mariscal, hoy arrodilladas a la sombra de adefesios (no llegan a ser edificios) como el antiguo Ministerio de Industrias, hoy cuartel y cárcel, el Ministerio de Bienestar Social, o el Ministerio Público. Nótese la incidencia de la palabra ministerio, al hablar del adefesio. No es pura coincidencia.
Y eso es sólo el principio. Cuando la clase privilegiada sale a las doce del día y a las cinco de la tarde, su voracidad y mediocridad se plasman en la demanda y aceptación de ciertos servicios que degradan el espacio compartido y son causa de fenómenos como la contaminación ambiental, contaminación visual, congestionamiento de vías, y demás problemas para cuya resolución, en un gesto por demás naive, los ciudadanos concientes seguimos volteando hacia esa burocracia podrida, pesada y voraz.
¿La solución? Sólo una, que la ciudadanía asuma la lucha de clases no como la doctrina socialista enseña sino como en la práctica se vive en el Ecuador: un 3% de beneficiarios de nuestro trabajo y un 97% de trabajadores esclavos por cinco de los doce meses del año. Una vez que hemos asumido que ese ínfimo porcentaje constituye una clase mantenida y censuremos su existencia, su arrogancia, su podredumbre y su voracidad, podremos expulsarla de nuestros barrios más rápido de lo que la hemos expulsado de nuestros corazones. Cabe aquí terminar con una frase del poeta norteamericano Jim Morrison: “Ellos tienen las armas, pero nosotros tenemos los números.”
Otro logro del comunismo

La cartita de Fidel tranquilizando al puebo cubano porque su gran líder Coma-andante está sano y salvo está repleta de sorpresas. Sobresale, en particular, un estracto en el que se nos muestra el nivel de subdesarrollo cubano. Imagino que, dada la grandeza del líder revolucionario, los censores no se habrán atrevido a meterle tijeretazo, pero es una joya. Asegura Castro que: Se dieron instrucciones, se movilizaron medios técnicos y personal médico especializado, para disponer de las condiciones requeridas para las distintas variantes de afectación que se consideraban posibles. Hasta el Presidente Hugo Chávez llamó apenas recibir la noticia. Conversó con Felipe y pidió comunicarse conmigo, lo que fue posible gracias a las comunicaciones inalámbricas, y a pesar de las dificultades de este tipo: son difíciles y se interrumpen con frecuencia por razones técnicas.

¡El referente del progreso mundial es incapaz de proporcionar una comunicación sin frecuentes cortes e interrupciones entre dos Jefes de Gobierno! Mejor será no pensar cómo se encuentran los cubanitos.

A todas luces es evidente que el socialismo ha superado al capitalismo, no sólo en equidad -pues eso ya se presupone- sino en producción. Esperemos que algún día puedan llegar al paupérrimo Occidente el dignísimo sistema de comunicaciones cubano con sus frecuentes interrupciones. Mientras tanto, seguiremos comunicándonos por señales de humo. Graham Bell, ¿por qué tuviste que ser cubano?
domingo, octubre 17, 2004
El "poder" de los ricos

Un cliché de la izquierda es la mezcla de admiración, adulación y envidia corroyente hacia la gente que acumula grandes fortunas. (Engels, un gran heredero, mantuvo a Marx lejos de toda necesidad material, y sobre todo la necesidad de pasar cualquier período de tiempo junto a la "clase obrera" que tanto decía defender). La izquierda envidia al hombre de logros, pero sobre todo ignora que toda gran fortuna se gana generando beneficios a grandes mayorías. Los negocios dedicados a la gente más pudiente nunca pasan de ser medianos en tamaño. Para generarse una fortuna de cientos o miles de millones de dólares, es necesario haber enriquecido millones de vidas humanas y favorecido el proceso económico social. Aquí un artículo de Walter Williams, economista afronorteamericano aclarando ese mito vulgar: "El poder de los ricos"
Marx y su plusvalía


La teoría de la explotación marxista ha sido una de las campañas de marketing más éxitosas de la historia de la humanidad. Marx recogió la caduca teoría del valor-trabajo ricardiana y, retocando la teoría de costes smithiana, concluyó que el capitalista obligaba a trabajar al proletario más horas de las que necesitaba para reproducir los medios que permitieran su subsistencia, un rebufo de la teoría malthusiana de la ley de bronce de los salarios, quedándose aquél con la diferencia o plusvalía. Esta teoría tiene enormes y múltiples deficiencias. La primera de ellas es creer que el valor es objetivo, una sustancia, una materia. El problema de Marx es que no vivió el auge del subjetivismo y del marginalismo, sino que se encerró en la más funesta decadencia de la Escuela Clásica. No es necesario entrar aquí a discutir su insoluble armonía entre su teoría del valor y su teoría de los precios (que tan bien señala Bohm-Bawerk en La conclusión del sistema marxiano) baste apuntar que no son los costes los determinantes de los precios, sino a la inversa. Es la valoración de los bienes de orden inferior, de su escasez y apetencias relativas, lo que determina el valor de los bienes de orden superior.

El ser humano valora, en primer lugar, aquellos bienes que están más cercanos a la satisfacción de sus necesidades; los medios necesarios para conseguir éstos sólo serán valorados en función del valor que se les otorgue. La teoría salarial de Marx también es harto incorrecta. Primero porque es incapaz de distinguir salario, beneficio e interés, como
la más vanguardista doctrina austriaca ya ha hecho. Es incorrecto pensar que esa supuesta plusvalía equivale al beneficio del capitalista, praxeológicamente es un error. El interés es la diferencia existente entre fines y medios (el bien de consumo final no será igualmente valorado a todos los bienes superiores necesarios para su obtención, su valor estára esparcido y, por tanto, será descontado), mientras que el beneficio procede, única y exclusivamente, de corregir los errores previos de la acción humana, de corregir las discrepancias entre los precios del bien de consumo final y el de sus factores productivos. Pero, aparte, como bien señala George Reisman, es el capitalista quien genera, en un principio, el beneficio puro, beneficio del que brotan los salarios. El esfuerzo humano se convierte en trabajo cuando se dirige conscientemente hacia la obtención de medios con los que satisfacer fines; el espíritu empresarial es quien conduce este proceso y, quien por tanto, transforma el esfuerzo en trabajo y quien comparte una porción de su beneficio con quien le ha ayudado a llevar a cabo su proyecto.

Tampoco fue capaz de describir Marx cuáles eran los medios necesarios para la subsistencia del proletario, que dependían, en todo caso, de las circunstancias históricas. Se cubrió bien las espaldas de esta manera, ya que podía tildar cualquier remuneración salarial de no estar nunca por encima de ese mínimo existencial, pues ello dependía del estadio histórico. Semejantes consideraciones brotan nuevamente de ignorar la naturaleza subjetiva del valor; es cada individuo quien define cuáles cree que son los medios necesarios para su "subsistencia" física y psíquica. Pero no podíamos pedirle a un clasicote como Marx que comprendiera todo esto. La losa de un siglo de doctrina falseada pesa demasiado.

Por Juan Ramón Rallo Julián, desde España

Obras Públicas: Lo que se ve y lo que no se ve


Nada es más natural que una nación, después de asegurarse que una empresa beneficiará a la comunidad, deba ejecutarla por medio del consentimiento general. Pero pierdo la paciencia, lo confieso, cuando escucho tan garrafal error económico propuesto en defensa de tal proyecto. "Además será una forma de crear empleo para los trabajadores"

El Estado construye una carretera, edifica un palacio, arregla una vía, corta un canal, y de esa manera le da trabajo a ciertos obreros -eso es lo que se ve, pero depriva a algunos otros de trabajo y eso es lo que no se ve.

Se comienza a construir la carretera, mil hombres llegan en la mañana a trabajar, se van en la tarde y cobran sus sueldos, eso es cierto. Si la carretera no hubiese sido decretada, si los recursos no hubiesen sido aprobados por la mayoría, esta gente humilde no hubiese tenido ni trabajo ni salarios, esto también es cierto.

Pero, ¿es esto todo? ¿No contiene la operación, en su totalidad, algo más? Cuando M. Dupin pronuncia enfáticamente las palabras: «La Asamblea decreta» ¿Acaso los millones descienden milagrosamente de un rayo de luna en las arcas de MM Fould y Bineau? Para que el proceso se complete, como se dice, ¿acaso no debe el Estado organizar los ingresos tal como organiza los gastos? ¿Acaso no debe poner a trabajar a sus colectores de impuestos y a los contribuyentes, los primeros a cobrar y los segundos a pagar? Estudie la pregunta ahora en sus dos elementos. Mientras especifica el destino que el Estado le da a los millones aprobados por la mayoría, no olvide especificar el destino que los contribuyentes le hubiesen dado -pero que ahora no pueden- a los mismos millones. Entonces entenderá que una obra pública es una moneda con dos caras. En una está grabado el obrero trabajando, con su herramienta, lo que se ve, en la otra el obrero desempleado, con sus herramientas, lo que no se ve.

El sofisma que este trabajo intenta refutar es más peligroso cuando se aplica a las obras públicas, en tanto que sirve para justificar las empresas más extravagantes y sin sentido. cuando un ferrocarril o un puente son de utilidad, basta con mencionar dicha utilidad, pero ¿si no tienen ninguna, que hacen los políticos? Se recurre entonces a la siguiente mistificación: «Tenemos que generar empleo para los trabajadores»

En consecuencia, se dan órdenes para que el alcantarillado de Champ-de-Mars sea hecho y desecho. El Gran Napoleón -se dice- pensó que estaba haciendo una gran obra filantrópica al ordenar construir zanjas y hacerlas luego llenar. Napoleón dijo, entonces «¿Qué siginicado tiene la obra? Todo lo que queremos es ver la riqueza distribuida entre las clases trabajadoras»

Pero vayamos a la raíz del problema. Estamos siendo engañados por el dinero. Demandar la cooperación de todos los ciudadanos en una obra colectiva, en forma de dinero, es en realidad demandar concurrencia en especie, pues cada uno procura, con su propio trabajo, la suma que debe pagar en impuestos. Ahora bien, si todos los ciudadanos fuesen reunidos y obligados a ejecutar en conjunto un trabajo útil para todos, se entendería fácilmente: su recompensa sería encontrada en el resultado del mismo trabajo.

Pero si después de reunirlos, los obliga usted a construir carreteras por las cuales nadie quiere pasar, palacios que nadie habitará, todo bajo el pretexto de encontrarles trabajo, la cuestión sería absurda y tendrían el derecho de argumentar: «No tenemos nada que ver con este trabajo, preferimos trabajar por nuestra propia cuenta»

Un procedimiento que consiste en hacer cooperar a los ciudadanos por medio de dinero y no de trabajo, no altera, de ninguna manera, el resultado general. Pero por éste, la pérdida recaería en todos. Por aquél, quienes son empleados por el Estado emplea, evaden su parte de la pérdida, agregándola a la que sus compatriotas ya han sufrido.

Hay un artículo en nuestra constitución que dice: «La Sociedad favorece y estimula el desarrollo del trabajo, a través de obras públicas por el Estado, los departamentos y las parroquias, como medio de emplear a aquellos necesitados de trabajo»

Como medida temporal, durante una emergencia o un invierno intenso, tal interferencia con los contribuyentes podría ser de alguna utilidad. Funciona de la misma forma que las aseguradoras. No agrega nada, ni al trabajo, ni a los sueldos, sino que toma trabajo y sueldos de tiempos normales, para darlos -con pérdida es cierto- en tiempos de dificultad.

Como medida permanente, general o sitemática, no es más que una mistificación ruinosa, una contradicción, que muestra un poco de trabajo emocionante, que es visto y oculta un montón de trabajo que ha sido impedido, que no es visto.


Por Frederic Bastiat, autor de "La Ley" y "Sofismas Económicos"

sábado, octubre 16, 2004
Bienvenidos


El pensador afronorteamericano Thomas Sowell dijo:


El hecho más fundamental sobre las ideas de la izquierda es que no funcionan. Por tanto, no debemos sorprendernos de encontrar a la izquierda concentrada en instituciones donde las ideas no tienen que funcionar para sobrevivir.

Este espacio en la red se abre para explorar las ideas izquierdistas y por qué fracasaron, fracasan y fracasarán donde se intenten. Obviamente, también proponemos alternativas a la inútil dicotomia "izquierda-derecha", basadas en el ser humano tal como es, no como la izquierda quisiera que sea.